En cierta ocasión, un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto año tras año en la feria regional.
El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con sus vecinos.
- ¿Por qué comparte su mejor semilla con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso? - preguntó el reportero.
- Verá usted…,- dijo el agricultor. - El viento lleva el polen de un sembradío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada echaría a perder la calidad del mío. Si siembro buen maíz, debo ayudar a que mi vecino también lo haga, y de esa manera, me ayuda a mí.
Lo mismo ocurre en nuestra vida. Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, pues el bienestar de cada uno está unido al bienestar común.
En estos tiempos en los cuales vivimos, no existe otra manera de vivir sino cultivando y manteniendo firmes nuestros valores morales y familiares. Pero no basta con solamente vivirlos nosotros, es imprescindible que ayudemos a las personas a nuestro alrededor a que también los vivan.
Obviamente, el primer paso para ayudar a nuestros vecinos y amigos es dando un buen testimonio de nuestra vida; recuerdas esa famosa frase de “predicar con el ejemplo”?
Estoy convencido que si cada uno de nosotros como ciudadanos tomamos conciencia de que podemos cambiar nuestra sociedad a través del amor y respeto a nuestro prójimo, podemos hacer de nuestra ciudad un mejor lugar para vivir.
En este punto podemos aplicar la regla de oro: “No hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”. Y aun mejor: “Haz a otros lo que quieras que te hagan a ti”. Esto es respeto puro, amor al prójimo, paz entre ciudadanos.
Vive estos valores e incúlcalos a las generaciones que vienen detrás de ti para que cuando ellos crezcan, puedan disfrutar de una vida plena y feliz.
Debemos preparar la tierra y sembrar buena semilla para que nuestros hijos cosechen buenos frutos en su tiempo.
Gálatas 6:2
Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de Cristo.
Arnold Sáenz
Cowboys Heaven
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